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Slow Desing. ¡Descubre sus claves y apúntate!

Reportaje
16 de Marzo de 2023

Desde la arquitectura a los interiores domésticos y el mobiliario pueden impregnarse de este movimiento que promueve un nuevo estilo de vida. Su lema es hacer visible un cambio consciente en la sociedad: dejar atrás la cultura rápida a favor de objetos más duraderos en nuestro día a día, con un diseño y calidad atemporales. Piezas de materias primas sostenibles como la madera, crucial en esta corriente y por la que llevan apostando años negocios especializados de la altura de Comercial Pazos. ¿Queréis saber en qué consiste?

Simplicidad, equilibrio y otro sentido del tiempo

Crear objetos y utensilios de una forma cuidadosa, reflexiva y bajo criterios artesanales. Es el motor que mueve a esta corriente, prima hermana del Slow Food y el llamado Slow City. Mientras que ellas nos hablan de otro modo de comer, celebrando los productos locales, y de concebir las ciudades, recuperándolas para sus entornos naturales, Slow Desing nace para concebir interiores y diseños que además de funcionales y duraderos, buscan la contemplación y la inspiración.

Se trata de un concepto joven, su creador fue Alastair Faud-Luke; un profesor de diseño en la Universidad Aalto de Finlandia que ideó el término como tal en 2002. Poco después, el nacimiento del Laboratorio de investigación lenta junto con la investigadora Carolyn F. Strauus dio pie a los principios del Slow Design. Una hoja de ruta que desde entonces se ha propuesto inspirar a los diseñadores para que aborden sus trabajos de una manera más responsable. Hacerlos conscientes de lo importante que es alcanzar un estilo de vida más sostenible -donde se cuiden variables sociales, culturales y ambientales- a través del diseño.

Para su puesta en práctica son necesarios aplicar otros conceptos. Desde la simplicidad, al equilibrio y un sentido del tiempo invertido en el trabajo donde entran en juego otros aspectos, como disfrutar del proceso creativo. Pero por encima de todo, Slow Desing es una abanderada de la atemporalidad de las piezas, con mayores procesos de investigación, con más horas para la observación y para comprobar su impacto en la vida real.

Propuestas de jóvenes talentos españoles

En Slow Design tienen cabida desde mesas, a estanterías, sillas y toda clase de utensilios diseñados con materiales como la madera y aplicando tecnologías que promueven las industrias locales y los talleres artesanos. Piezas hechas a través de procesos lentos que nos plantean un diseño de calidad que va más allá del consumo rápido y propone una visión a largo plazo capaz de encajar con un estilo de vida más respetuoso con el planeta.

En España, las nuevas generaciones de diseñadores también se muestran sensibles a esta corriente, como ha quedado palpable en la exposición “Slow. Diseño lento para un cambio rápido”, enmarcada dentro del Madrid Design Festival 2023. En ella se ha podido descubrir la visión que sobre este concepto tienen 17 estudiantes pertenecientes a nueve escuelas de diseño españolas.

Las piezas propuestas responden a estos principios y los prototipos han salido de la carpintería La Navarra (Madrid) con métodos artesanales y maderas de frondosas estadounidenses sostenibles y apenas empleadas en Europa. En concreto arce, roble rojo, cerezo y tulipífero americano. Una colección de trabajos de gran belleza estética que dejan claro un mensaje: la consolidación de Slow Design está en manos de nuevas voces del diseño como las de esta muestra, capaces de dar forma a productos que, más allá de su funcionalidad, proponen otra forma de mirarlos, estrechando vínculos emocionales con los usuarios.

Muebles con un diseño deconstruible

Dentro de esta muestra, los jóvenes diseñadores de Habi abordaron cómo es posible reutilizar una cuna cuando deja de ser necesaria simplemente adoptando otras formas. Hecha con piezas desmontables de arce americano y tela tejida, es capaz de transformarse rápidamente en un perchero y en lugar de almacenaje. Natale Armendáriz, Jon Calleja, Nora Exteberria y Ane Ozkoidi eligieron esta madera por su resistencia y durabilidad, esenciales en las uniones deconstruibles de la cuna.

Por su parte, los jóvenes autores de Todo Toca, Eli Yang y Anna Perathoner, idearon una pieza que fuera capaz de transmitir que cada hogar es único para sus habitantes y lleva a cuestas sus recuerdos más valiosos. Por eso su estantería también es un lugar para la reflexión y el recuerdo: diseñada mediante paneles, cada uno se ha tallado con motivos distintos, pensados para tocar y sentir la madera. Además, estos elementos giran, dando pie a diferentes configuraciones de estantería, creciendo y cambiando con el paso del tiempo. Se decantaron por el arce americano por su clara tonalidad y elevada resistencia.

La madera de frondosas, clave en esta corriente

Slow Design tiene muy presente los retos medioambientales a nivel mundial y lo importante que es aprovechar al máximo los recursos naturales disponibles en el planeta. De todos ellos, la madera es su apuesta firme, un material cien por cien atractivo por proceder de un organismo vivo y con el que se siente plenamente familiarizado. Sin embargo, es un hecho que su uso tiene un impacto directo en los bosques.

Qué hacer para controlar este impacto es la pregunta que se hace esta corriente y su respuesta pasa por emplear más madera de frondosas estadounidenses debido a su baja huella medioambiental, ya que pueden durar generaciones y su reciclaje es sencillo. Los bosques de estas frondosas no son recursos que en su día fueron plantados por el hombre, son obra de la naturaleza y gracias a una cuidadosa tala selectiva durante generaciones hay árboles de todas las edades y tamaños. Existe un entorno natural más dinámico, de gran importancia para la retención de carbono y la biodiversidad.

La elección de la madera a la hora de diseñar y construir conlleva impactos a largo plazo en la salud de tales extensiones. Por eso, es tan importante utilizar lo que la naturaleza nos brinda de forma responsable, evitar dependencias excesivas de especies concretas. En el caso del cerezo, el arce y el roble rojo, suponen más del 40% de toda la madera en pie de estos bosques. Y su nuevo crecimiento está garantizado: cada año su volumen neto aumenta en 63 millones de metros cúbicos.

En cuanto a su impacto positivo en el medio ambiente, estas maderas almacenan carbono incluso una vez taladas mientras son utilizadas, esencial para la regulación del clima. Un hecho que revierte beneficiosamente en los productos fabricados después con ellas, a menudo de “carbono cero”.